Home Noticias Crónica Ultra Trail Sao Mamede by José Manuel Guerra

PostHeaderIcon Momentos históricos del CMB

Media maratón Elvas-Badajoz 2006 (media maratón nº 100 de Joao Coco)

Media maratón Elvas-Badajoz 2006 (media maratón nº 100 de Joao Coco)

Media Maratón Tres Arroyos 2009 (San Isidro)

Media Maratón Tres Arroyos 2009 (San Isidro)

Maratón y media - Badajoz-Mérida 1994 - Puente Romano de Mérida

Maratón y media - Badajoz-Mérida 1994 - Puente Romano de Mérida

Cross Residencia Vasco Nuñez de Balboa (1989-1990)

Cross Residencia Vasco Nuñez de Balboa (1989-1990). En ella podemos ver a: Pepe Caro, José Andreu, Miguel Rubiano, Emilio Piñero, Antonio…

 . . .  se estaba gestando el Club Maratón Badajoz

. . .  se estaba gestando el Club Maratón Badajoz

En la salida de la media Elvas-Badajoz (1990, 91 ó 92)

En la salida de la media Elvas-Badajoz (1990, 91 ó 92)

Bajando la cuesta del Paga Pouco : German Pacheco, Eduardo, Luis Rubio y Miguel

Bajando la cuesta del Paga Pouco: Germán Pacheco, Eduardo, Luis Rubio y Miguel

Media maraton de Lisboa 1993 (tercera edicion), primer desplazamiento del club a la prueba Lisboeta que se repetiria durante 15 años consecutivos

Media maraton de Lisboa 1993 - 1er desplazamiento del Club a la prueba Lisboeta que se repetiría durante 15 años…

La foto del Cristo de 1993

La foto del Cristo de 1993

Maratón de Sevilla 1994

Maratón de Sevilla - 1994 (Pepe Caro, Campillo, Eduardo, Macías, el ferroviario, Mancha, Luis Rubio, Miguel, Germán y los Pimentel (tío…

Salida de la media de Lisboa - 1994

Salida de la media de Lisboa - 1994

Media Lisboa 1994, ya con pinta de corredores

Media Lisboa 1994, ya con pinta de corredores...

La obligada foto del Cristo en 1994

La obligada foto del Cristo en 1994

Maratón de Badajoz - 1994

Maratón de Badajoz - 1994

Bonita imagen de la maraton del 94 a su paso por el puente viejo

Bonita imagen de la maratón del 94 a su paso por el puente viejo

Con Martin Fiz

Con Martin Fiz, resguardándonos de la lluvia, en la salida de la Media de Lisboa 1995……… en aquella epoca nos…

Por el puente viejo en 1996

Por el puente viejo en 1996

Copando trofeos en la tradicional  Hornachos-Villafranca  del  94 ó 95

Copando trofeos en la tradicional Hornachos-Villafranca del 94 ó 95

Maratón y media - Badajoz-Mérida 1994

Maratón y media - Badajoz-Mérida 1994

Maratón y media - Badajoz-Mérida 1994 - Presentación

Maratón y media - Badajoz-Mérida 1994 - Presentación

Maratón y media - Badajoz-Mérida 1994 - Llegada

Maratón y media - Badajoz-Mérida 1994 - Llegada

El Alcalde de Badajoz hace entrega a una placa conmemorativa del XXV Aniversario a una representacion del Club

El Alcalde de Badajoz hace entrega a una placa conmemorativa del XXV Aniversario a una representacion del Club

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PostHeaderIcon Crónica Ultra Trail Sao Mamede by José Manuel Guerra

Como no solo de maratones vive el hombre, los socios del CMB están presentes en carreras de todo tipo y lo mejor de todo: quieren compartir sus vivencias personales con tod@s nosotr@s. En este caso, el que aparece por estás páginas es José Manuel Guerra Vizuete que nos cuenta cómo le fue por la Ultra Trail de Sao Mamede:

“El sentido de las cosas no está en las cosas mismas, sino en nuestra actitud”.

Antoine de Saint-Exupéry, autor de “El Principito”.

Este año ha sido especial. Todos los años conllevan alicientes deportivos que hacen que nos motiven en la práctica de nuestra afición, pero este año compartía motivaciones que el año pasado quedaron para atrás… Y este año los objetivos deportivos corrieron el riesgo de quedar fuera, por motivos diferentes, pero fuera.

La meta de esta temporada era finalizar una prueba, UTSM, que el año pasado no finalicé por motivos familiares. Este año iba a por ella. Para asegurar y afianzar los 100 kms que componen la carrera, decidí correr diferentes pruebas de ultradistancia entre los 40 y los 73 kms que me aportaran confianza. Si estas carreras eran de menos kms, debían conllevar desnivel o dificultad técnica que me condujeran a un aprendizaje y entreno, no tanto para incrementar mi condición física, que también, sino para conocer mejor mis límites, las sensaciones antes de llegar a la fatiga, la alimentación y la hidratación durante la carrera, el material (ropa, mochila, bastones, zapatillas…). Entre septiembre de 2014 y mayo de 2015 carreras como el Maratón de los Artesanos, Trail de Turdetania, Doñana Trail Marathon, Barrancos, Trail Vicentino, “El Pocito” en Calamonte, Carrera por Montaña Garganta de los Infiernos, me darían confianza para enfrentarme a un reto personal. Debo añadir a todos estas carreras innumerables entrenos, de entre 40 y 50 kms, en compañía de Fernando Álvez Barrero en la Sierra de Sao Mamede, acumulando distancia y desnivel, además de sus buenos consejos, tan importantes como todo lo que uno por sí mismo pueda ir aprendiendo. Por ello le estoy enormemente agradecido. A él, primero por cercanía, y a muchas otras personas que siempre me mostraron su apoyo, unos compañeros de carreras, otros extradeportivos, pero que siempre estuvieron ahí, con su aliento y comprensión.

 

Creo que la frase con la que encabezo esta crónica acierta de lleno en la manera en la que debía enfrentarme este año a la temporada. Empezó ésta de manera extraña en los primeros entrenamientos serios de agosto. Notaba cierta tensión en la zona del talón del pie izquierdo, pero lo achaqué a que las zapatillas que usaba estaban pasadas de kms. De tensión fue en aumento y comenzó un dolor que me era conocido por haberlo padecido hace unos 12 años… la maldita fascitis plantar… Ha sido mi compañera de entrenos, carreras, paseos con mis hijos… No me abandonaba ni en la cama, dolía acostado, al levantarme era insufrible… Las punzadas a veces hacían que se me saltaran las lágrimas… Pero había tomado una decisión. Entrenar, competir, llegar al final al objetivo, cuidando la lesión, sí, pero no abandonando mi pretensión. Era lo que había decidido y era lo que iba a hacer. Esa era la actitud.

            He de decir que a pesar de los miles de kms recorridos este año, la fascitis ha ido disminuyendo a lo largo del año, pero tengo que añadir que creo que he sido muy, muy metódico, paciente, visitando al podólogo, estudio de pisada, plantillas correctoras, masajes, hielo, antiinflamatorio… Y el pie lo ha agradecido.

            La crónica está concebida como un pequeño resumen de la temporada con la culminación de un objetivo especial, el UTSM. Vamos a ello.

            El Ultra Trail Sierra de Sao Mamede se desarrolla en la sierra homónima del país vecino, Portugal, en un entorno y paisaje espectacular, poco conocido por los españoles a pesar de su cercanía. Se trata de una prueba de algo más de 100 kms, entre 102 y 104, que con un desnivel positivo aproximado de 3600 metros, hace que sea una carrera de dificultad alta, no extrema como pueden ser otras como Transgrancanaria o Madeira Islands Ultra Trail, por no decir Montblanc… Pero es un Trail que si no cuentas con una preparación adecuada o mínima puede hacértelo pasar mal cuando menos, abandonar o acabar lesionado… De hecho cuenta con un nivel de abandono de un 20 por ciento de media en las cuatro ediciones que se han celebrado.

Para mí es una carrera de 100 kms muy cómoda por encontrarse muy cerca de casa, a unos 70 kms, que te permite incluso, como fue mi caso, trabajar el mismo día de la carrera por la mañana, correrla y dormir en casa el día que terminas la prueba. La salida se realiza en la localidad de Portalegre, una ciudad con todo tipo de servicios, muy bonita, encajada en las estribaciones de la Sierra de Sao Mamede. La hora de la salida, las 00:00 horas del día 16 de mayo, hora portuguesa. Yo decido estar en el entorno de la salida unas 3 horas antes de la salida, en compañía de Fernando Álvez, que hace de corredor escoba hasta la mitad de la prueba. Una vez recogido el dorsal y la bolsa del corredor, decido descansar hasta la hora de preparar el material y vestirme, una hora antes de la salida, más o menos, para pasar el control de dorsal y material.

Todo el tiempo de espera antes de la salida, el evento está amenizado por un grupo de música que desde un gran escenario dentro del estadio hace que que el ambiente sea festivo, en el que la música da fondo a los saludos entre corredores que afectuosamente nos saludamos. Somos una gran familia. Cada vez soy más consciente de ello.

Como cada vez que puedo, hago partícipe de las carreras a mis hijos. En esta ocasión contaba con la presencia y apoyo de ellos, de María José, mi mujer, y de mis padres. Tenerlos en la salida daba un plus de emoción al momento y un fabuloso apoyo.

Una vez todos los corredores reunidos en la salida, todo un arco iris de camisetas técnicas, mochilas, buffs, con la música de “So Xutos” de fondo, antes de la media noche, comienza la cuenta atrás. Intento acercarme a la cabeza de la salida porque temo los embotellamientos que se producen en el paso difícil de dos arroyos y que en los primeros compases de la carrera te pueden hacer perder más de 20 minutos si te quedas en la parte trasera. Salimos y por unos momentos, por los aplausos de los muchos acompañantes presentes, me siento como uno de aquellos héroes que desde las ciudades se dirigían a la guerra envalentonados por el fervor de sus compatriotas. Salimos del estadio y enseguida comienzan las primeras subidas. Miro para atrás desde lo alto y me maravillo ante el espectáculo de la serpiente blanca de frontales con el fondo luminoso y colorido de la actuación musical en el estadio. Alucinante. Intento acomodar el ritmo para no forzar la respiración. Esa fue la constante durante los 100 kms. No llegar a la fatiga muscular, no acumular ácido láctico en los músculos, que la respiración fuera siempre fuerte pero no forzada. Llegamos a la zona de los arroyos y tal como me temía, el primer embotellamiento. La dificultad para cruzar saltando de piedra en piedra, pasando por encima de los árboles, por debajo de alguno, hace que se ralentice el ritmo hasta que los corredores empiezan a pararse antes de cruzar. Como quiera que no llevara delante muchos participantes, no estoy parado más allá de uno o dos minutos. Ya no volvería a ocurrir en toda la carrera. Sigo corriendo a la luz del frontal, cruzando parcelas, pasando por terrenos privados, unas veces por caminos, muchas por senda en incluso alguna vez campo a través, saltando las paredes que separan las propiedades. Sigue habiendo mucho público aplaudiendo cada vez que nos acercamos a casas. Se agradece mucho estos ánimos, pero los que de verdad empujan son los que encuentras mucho más adelante, durante la madrugada, en mitad de la montaña y el bosque, gritos y cánticos de desconocidos hacen que sientas que no corres solo.

Llego al primer avituallamiento. Una bodega en cuyo patio interior se haya acondicionado el PAC 1 con todo tipo de frutos secos, dulcería, patatas fritas, dulce de membrillo… Pero yo no paro. Voy bien de agua en los bidones y aún tengo la sensación de lleno en el estómago por la cena. Estoy aún en el km 10 salgo del PAC y comienza una parte un poco difícil para mí. Empiezo a sentirme solo. Echo de menos algo de conversación, corro entre desconocidos que hablan en un idioma, que aunque no es desconocido, tengo que esforzarme por entender. Comienza a levantarse viento, mucho, racheado, que levanta nubes de polvo de los pies de los corredores que me preceden y hace que sea muy molesto. Agradezco llevar puestas las gafas con los cristales nocturnos. Se acumulan los kms y entorno al 17 diviso unas luces que me son familiares. Reconozco la silueta del castillo de Alegrete donde se encuentra el PAC 2, pero antes hay que subir al castillo desde el arroyo. Será la primera vez que me eche a andar, dosificando la subida, lento algunas veces por el ritmo inferior de los que me preceden. Los últimos compases de la subida penetran por una de las puertas del castillo desde donde, marcado e iluminado por unas originales luces leds en el suelo, el recorrido baja hasta la plaza del pueblo, dominada por la bella y blanca torre de la iglesia, que rodea en una graciosa bajada. En este PAC sí que como. Frutos secos, un dulce parecido a una perrunilla de nuestra tierra y algo de dulce de membrillo. Lleno botes, añado las pastillas de sales e hidratos a uno de ellos, cojo un plátano y salgo trotando despacio mientras doy cuenta del plátano. Desde ahí comienza la subida al campo eólico y al punto más alto de la prueba, las antenas del alto de Sao Mamede. El recorrido y su entorno no deben de sorprenderme, es mi zona habitual de entrenamiento. Comienzo a encontrarme cómodo. Subo trotando donde me encuentro a mucha gente andando, pero no noto sobreesfuerzo, así que sigo. De pronto, una cara conocida. José Serra, de los “lobos” de Portalegre. Nos saludamos y me alegra enormemente verlo. Dice que se nota cansado. Es normal… es su tercera prueba de más de 100 kms en menos de 3 meses… Y una de ellas del nivel de la MIUT. Qué grande es José!!!. Casi sin quererlo, lo dejo atrás. En giro del camino dejo de verlo a mi lado. Decido que cada uno tenemos nuestra carrera por delante y yo tengo que hacer la mía. Llegamos a un terreno despejado de árboles donde el viento arrecia y debido a la altura empieza a ser frío. Llevo mangas cortas pero una camiseta semitérmica debajo. No siento frío en el cuerpo así que no me preocupa, prefiero eso a sudar en exceso. La bajada por un cortafuegos nos lleva a una senda entre pinos, con constantes cambios de desnivel, tan pronto subiendo como bajando hasta que se inicia una subida final larga, que reconozco y donde saco por primera vez los bastones y que ya no soltaré en toda la carrera; sé que nos acercamos al campo eólico. Escucho el zumbido del golpe de aire de sus aspas. Cada vez me encuentro más cómodo. Dejamos atrás los molinos de viento en una bajada suave pero no todo va a ser cómodo. Hay que subir a las antenas y yo sé que llegar allí no es gratis. Comienza un duro cortafuegos hacia arriba en el que me encuentro con el amigo José María Díaz Alías, de los Tomatitos de Miajadas. Charlamos un poco, sobre las sensaciones, sobre lo que queda… y cuando nos queremos dar cuenta, cima en las antenas, PAC 3. Por primera vez veo gente sentada en el suelo. Pierdo de vista al Tomatito, que creo que habrá salido disparado… Me alegra saludar a Javi “Carrera Pocito”, organizador de la carrera por Montaña “El Pocito” en Calamonte, pero muy brevemente. Intento no perder demasiado tiempo. Lleno botes, pastillas de sales e hidratos, como algo de hidratos, dos piezas de naranjas y dulce de membrillo. Salgo de la carpa acondicionada y noto frío. El sudor se me ha enfriado. Rápidamente saco el cortavientos de la mochila y me lo pongo. Comienzo a bajar por el tramo que ha marcado Fernando Álvez y como es “su” tramo, me siento cómodo en él. Sé que es la bajada más larga de la carrera. Unos 8-10 kms de bajada por lo que decido ser conservador y no forzar ni darme alegrías en la bajada. Tengo que conservar en buen estado la planta del pie que hasta ahora no me ha dado ni una sola molestia. Esta bajada es a tramos suaves, a tramos agresiva, pero la haría casi con los ojos cerrados de las veces que la he recorrido en este último año con Fernando. En una zona de árboles derribados sobre el camino encuentro a un corredor que momentos antes me había pasado rápido… Se había caído e iba andando con la mano sobre la rodilla. Llego a su altura y ando junto a él. Le pregunto cómo está y me hace entender que se ha golpeado contra uno de los árboles cayendo al suelo. Se ha hecho un corte en la rodilla pero nada grave. Me indica a que yo siga, que se encuentra bien. Llegamos a una zona técnica de bajada antes del PAC 4… Es parecida a una trocha de animales, entre jaras, en la que los apoyos se hacen difíciles por la cantidad de piedra suelta. Cuando va a terminar la bajada, en su parte final aún más técnica si cabe, agarrándote a los troncos de los árboles para poder bajar, tienes que cruzar un río. Afortunadamente no lleva el caudal de agua que lleva en otras ocasiones y encuentro un paso al lado del habitual por el que cruzo sin mojarme los pies. No me importa, pero prefiero evitar mojar las plantillas. Queda mucha carrera. Llego al PAC 4 en Sao Juliao. Por primera vez miro el reloj y me sorprende ver que llevo bastante adelanto sobre el tiempo que empleamos Fernando y yo el año pasado. No tengo la impresión de haber ido demasiado rápido. Vuelvo a e encontrar a corredores sentados en el suelo… No quiero perder tiempo. Lleno botes, agua, hidratos, sales, como algo y me quito el cortavientos. Sé que en la subida que me espera, protegido por la sierra, puede hacerme pasar calor. Pero no lo guardo dentro de la mochila, lo dejo a mano enganchado en las gomas elásticas del exterior. Arriba en Sierra Fría puede hacerme falta. Es una subida larga la que empieza ahora, no tiene rampas duras, pero es larga. Aún es de noche. Sigo a la luz del frontal. Desde lo alto veo luces de poblaciones que reconozco… El Pino, Valencia de Alcántara… Eso es España. Qué cerca…Después de una hora subiendo, en un ando-corro en el que no me encuentro cómodo, llego a la cima, la segunda más alta del recorrido, cercana a los 1000 metros y comienza una bajada hasta el PAC 5. Comienza bajando suave, luego una bajada agresiva por la que hay que ir constantemente derrapando y luego, justo antes del PAC 5 en Porto da Espada, llanea, sube y baja suavemente, desde donde, ya de día, diviso el pueblo de Marvao, majestuosamente situado encima de una peña de piedra de casi 700 metros de altura. Llego al PAC donde por motivos familiares me retiré el año pasado… Tengo que confesar que me encuentro mucho más entero que el año pasado a pesar de que llevo un adelanto de casi 2 horas respecto el año pasado. Me alegra comprobar esto último al llegar. Me acerco al mostrador y el olor de la carne asada me aprieta el estómago. Pido una bifana. Le añado tomate natural y mientras bebo coca-cola doy cuenta de él. Extraña comida a las 6 de la mañana. No descuido rellenar botes, sales, hidratos… Qué rica la bifana, por Dios!!! Señora Louro, por favor, me da otra??? Esta señora, que organiza el PAC, es la madre de un buen atleta y mejor persona, Joao Farinha, también de los “lobos” de C.A. Portalegre. Me como la segunda bifana y trotando retomo el camino. En realidad empieza la única zona del recorrido que no conozco. Desde Marvao a meta conozco el recorrido pues hice la maratón de esta misma prueba hace dos años. Puede haber alguna modificación, pero a grandes rasgos, debe ser el mismo. Pero este tramo lo disfruto por desconocido. Me sorprende que, sabiendo que hay cruzar el río Sever antes de subir a Marvao, sigamos subiendo durante un rato. Luego, eso sí descendemos rápidamente, cruzamos la carretera que une Marvao a través de Puerto Roque con Valencia de Alcántara en España y cruzamos el río Sever… Qué gratificante meter los pies en el agua fría. Me lavo piernas, brazos, cara. Hay que refrescarse, empieza ahora la larga y sufrida subida a Marvao, donde se encuentra el PAC 6. Comienzo subiendo a ritmo constante, usando bien los bastones, corriendo en los breves trechos donde se puede.  Se nota que con el día la temperatura empieza a subir. Tengo las primeras sensaciones de calor. Al principio un camino, luego sendas que llevan a una subida empedrada, cómoda para andar rápido, pero con una inclinación endemoniada que no cesará hasta que casi puedes tocar Marvao con tus manos… Entonces… Maldita sea!!! Te hacen bajar otra vez por un bosque de castaños. Bonito paseo si no llevara casi 60 kms en las piernas. El último tramo de subida es de piedra en piedra, casi campo a través, por uno de los eriales que rodean la muralla del castillo de Marvao… Dura, muy dura la subida. No es la cima más alta de la carrera, de hecho la 4ª en altura, ni la más larga, ni la más pronunciada… pero los kms ya hacen daño. La vista se pierde ante el paisaje. Merece la pena parar a tomar aire y contemplar lo que desde tus pies se extiende hasta que se pierde la mirada allá por Alburquerque… Entro al castillo por una de las puertas pequeñas de la muralla. Cruzando el patio de armas del castillo, sales del mismo y bajo al pueblo, atravesando sus bonitas y pulcras calles hasta donde sé que se encuentra el PAC 6. Llego primero al avituallamiento, quiero comer algo, reponer fuerzas primero antes de cambiarme de ropa para que el estómago se asiente antes de continuar. Una deliciosa sopa verde alentejana, pan con miel, dulce de membrillo, sentado en una silla, que se agradece, mientras soy objeto de una entrevista de una televisión… No me preguntéis cual. Rápidamente paso al vestuario donde me dan la mochila que tengo preparada con ropa para cambiarme. Cambio de ropa, pero un detalle a la larga será motivo de mucho retraso y pérdida de tiempo. He olvidado unos calzoncillos, sí corro con ellos, voy más cómodo. Pienso que no tiene importancia, pero la tendrá. Salgo despacio por aquello de ir adecuando poco a poco el ritmo. Empiezas bajando hasta Portagem, una bajada empedrada en la que me empeño en no obstaculizar a los corredores de la maratón que han salido momentos antes desde Marvao. Retomo un ritmo suave pero constante. El calor empieza a hacer mella pero sé que aun no ha llegado lo peor. De hecho, afrontando la subida antes de bajar a Carreiras, PAC 7,  el polvo blanquecino, el calor… Hace que sea un poco penosa, pero me encuentro fuerte. Paso andando con los bastones a corredores de la maratón que se les hace enorme la subida… Creo que equivocaron la carrera. Llego al PAC de Carreiras y lo que veo no me gusta. Es la primera y la única vez que observo un poco de descontrol en el PAC… Los chicos que nos atienden no dan abasto y es normal. Se amontonan los corredores de la Ultra con los de la maratón que apenas llevan 8-9 kms. No puede ser que un corredor que lleva 70 kms en las piernas, con alguna carencia ya de hidratación o de alimentación, tenga que esperar 10 minutos para avituallarse. Ese PAC debería estar dividido para su mejor gestión. Salgo de Carreiras  y una vez bajas de cota hasta cruzar un arroyo, comienza una leve subida al principio, empedrada también, y con un final más empinado que conduce hasta un tramo muy agradable y corrible casi hasta la misma ermita de la Virgen de l Penha, con unas vistas hermosas e increíbles de Castelo de Vide. Al llegar a la ermita observo que ya no se sube hasta ella por las escaleras, ni se baja por la cuerda. Una pena. Me imagino que por seguridad. Pero era un tramo muy característico de esta prueba. Se accede directamente al PAC 8, en el que aprovecho para hidratarme largamente, comer, etc. Lleno también de agua una softbag que me ha proporcionado Álvez antes de la salida para esta ocasión, cuando el calor aprieta. Va a ser el agua que iré echándome por la cabeza, mojando el buff y la visera para atenuar la sensación de calor y refrescar los objetivos. Retomo la ruta bajando la sierra hasta quizás el tramo más cómodo de la carrera, No obstante es donde empiezo a notar una sensación desagradable debajo de la malla compresiva. Noto un roce que en principio no me preocupa. Saco un poco de vaselina y me unto la ingle. Otro percance casi me deja fuera de carrera. En una bajada pronunciada golpeo una piedra que está fijada al suelo y casi caigo al suelo. Un dolor sordo queda en la puntera del pie. Luego descubriré que me he reventado la uña del dedo índice del pie izquierdo que terminaré cambiando. Llegamos a una zona arbolada, que se agradece mucho por la sombra,  pero que es muy incómoda de correr por estar constantemente saltando de piedra en piedra, saltando muros de piedra, alguno incluso con escalera apoyada sobre el muro para poder saltar, y las malditas rozaduras van en aumento a medida que sudo más y hay más salitre en mi ropa. Decido bajar el ritmo y hacer muchos tramos andando para evitar transpirar tanto. El calor ya empieza a ser insoportable. Paro para echarme vaselina pero creo que el daño ya está hecho. Al meter la mano entre la ropa para untarme, noto los dedos mojados y al sacarlos veo sangre. Vaya, creo que el final de carrera no va a ser fácil… Pero qué esperaba. Esto es Ultradistancia y hay que tener controlados muchos factores. La sudoración, la mía es abundante, es un factor determinante, por las rozaduras y por la deshidratación. Poco a poco y ya acusando la distancia y el calor, llego al PAC 9, Convento da Provença, un antiguo convento remozado y convertido en hotel rural. Este es un paso muy agradecido pero muy peligroso por su comodidad… Encuentras aquí desde el variado y rico avituallamiento con pizzas incluidazas, hasta tumbonas, fisios por si hubiera algún problema e incluso una piscina donde, el que quisiera, poder sofocar el calor… Lo fácil en este PAC es quedarse largamente regalándose después de los 85-86 kms que ya llevamos en las piernas. Hay que seguir!!! Salgo trotando del convento -trotando, no corriendo, ya no hay para muchas alegrías- y llego al último paso de agua donde paro a refrescar nuevamente cuello, piernas y brazos. A lo lejos veo al amigo José Serra que viene cogiéndome. Su larga experiencia ha hecho que quizás haya dosificado más que yo y reservado para el final. Poco antes de cruzar la carretera para subir la sierra de la Virgen de la Penha ya en Portalegre me pasa. Yo voy ya cansado, con el dolor de las rozaduras… Me anima a correr a su lado, y aunque su ritmo no es alegre ni mucho menos, km 92 de carrera, prefiero no forzar y sigo con mi táctica de corro-ando. Afronto la última subida de la carrera. No es larga, no es dura, pero hace mucho calor y el olor de las jaras y los pinos se hace tan penetrante que parece que espese el ambiente y cueste respirar. La corta bajada por un cortafuegos hasta el último PAC 10, en la ermita de la Penha en Portalegre,  por polvorienta, no es mejor. Pero es lo que hay. Ya sólo queda sufrir y llegar al final. Sé que me quedan unos 7 kms hasta meta. Hago un frugal avituallamiento, aunque largo en líquidos, y salgo bajando la larguísima escalinata que baja de la ermita… Si digo 200 escalones no creo que sea exagerado. Es más, alguno de los corredores, con los cuadriceps destrozados ya, no los baja de frente, sino de lado. Aquí cada uno ya acaba como puede. Hago trotando acompasado con los bastones un tramo de carretera muy penoso… Mucho calor, pocos corredores alrededor… el MP3 hace rato que acabó su batería y yo casi también las mías. Siento arder los muslos por el roce, pero a pesar de notar la humedad de la sangre, decido que ya no voy a parar ni a echar vaselina. Ya no. Ya solo tengo en mente la meta, mis hijos esperando en ella, mi mujer, mis padres. Me emociono y lloro. 100 kms en soledad dan para mucho. Los echo de menos. Entro en un camino. Ya sé lo que me queda. No más de 5 kms a meta. En el camino, entre el polvo, el sudor, el calor, empiezo a pasar un mal rato pero me centro en mis pensamientos. No paso a nadie pero nadie me pasa. Veo un grupo de corredores unos 150 metros por delante. Escasa compañía. De pronto, a casi 3 kms de meta, veo dos figuras sentadas debajo de un olivo que creo reconocer, pero estoy lejos y dudo. Son mi padre y mi mujer… Bendita presencia. Qué gratos estos últimos kms con sus ánimos y su compañía. Ya no corro, pero mi ritmo andando con los bastones hacen que mi padre y María José tengan que correr de poco en poco para retomar mi altura. Con los ánimos voy incrementando el ritmo y empiezo a adelantar a corredores. Uno un poco antes del último avituallamiento a 1 km de meta, que aprovecho para lavarme la cara y recomponer la figura, y los 3 siguientes corredores que paso es antes de entrar en el estadio. Sólo quedan los 400 metros de la pista de atletismo, ya oigo los aplausos, la megafonía y lo más importante, me parece percibir los gritos de ánimo de mis hijos. Cuando entro en el estadio mis piernas cobran vida, ya no duelen las rozaduras. Empiezo a correr, a volar. Hago la curva del 200 como si acabara de empezar a correr. Mis hijos agarran mis manos y corremos hacia meta en los últimos 100 metros. Oigo a mi madre animándome mientras se queda atrás, donde cogí a mis hijos. Cuánto le debo a ella también. Ya solo queda cruzar el arco de meta. Ahora me da pena que acabe… he sufrido, sí, pero nada comparable a la satisfacción de ese momento, de todos los momentos que me han llevado hasta la meta. Los primeros entrenamientos con los amigos del Club Maratón Badajoz desde hace 4 años, mis primeras carreras por montaña, las grandes convivencias en estas carreras con los imprescindibles compañeros del Club Trail Comesuelas, las grandes personas a las que me ha acercado esta afición, lo mucho que he aprendido junto a ellas… Qué buenos entrenamientos en la sierra con Fernando Álvez, qué conversaciones mientras entrenamos… Esos entrenos a las 05:30 de la mañana a la luz del frontal… mis conversaciones con Manuel Perozo en el trabajo y sus grandes consejos. En fin, tantos amigos que no sería capaz de nombrarlos a todos sin dejar alguno para atrás. Prefiero no caer en ese error. Sería imperdonable. Vosotros sabéis quienes sois y lo que os debo.

Cruzo meta al fin. 16 horas, 8 minutos. Unos 103 kms y más de 3700 metros de desnivel positivo. Está hecho. Me arrodillo junto a mis hijos y los abrazo. Una voluntaria les acerca la medalla de Finisher y ellos me la cuelgan de manera que no envidia a ningún acto de entrega de trofeos. No imagino mejor manera de acabar esa carrera. Se acerca mi mujer y me besa. Eres un campeón, me dice. Hoy le respondo yo que ellos son mi meta en cada carrera.

 

Ahora me queda agradecer. Agradecer el apoyo de mi familia, siempre incondicional, los ánimos de tantos amigos antes de la carrera, la preocupación de tantos durante la misma. Notaba su fuerza empujándome. Todos tenéis unos metros de la carrera grabados en mis piernas, de todos un recuerdo agradecido. No cabría en esta crónica la pasión por lo que hago que me habéis transmitido. Gracias también a los amigos de C. A. Portalegre, los “Lobos” de Portalegre, por hacer posible una carrera como el UTSM.

Los retos dejan de serlo en el momento de cumplirlos, como los deseos, como los secretos… Caducan y se renuevan. Ahora, para renovar un reto, debo plantearme alguno nuevo, algo ya hay en mente. Espero afrontarlo con la misma ilusión y ganas que este.

José Manuel Guerra Vizuete, finisher UTSM 2015.

Actualizado (Lunes, 08 de Junio de 2015 05:46)

 
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